(Desmembramiento de su libro “El perfume de la flor tatuada”, el cual ha sido galardonado con el III Premio MonteLeón de Poesía Joven que otorgó el jurado compuesto por Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Tomás Sánchez Santiago y Rafael Saravia.)
Creo que nuestra
humanidad necesita desentrañar la poética del nuevo siglo, y nuevo milenio a la
vez. Esta necesidad se evidencia a gritos en cada libro de poesía que leo. En
el marco de este apresurado diagnóstico, la aparición de creadores tales como
Agustín Mazzini, resulta promisoria. Su poesía me gusta, me hace bien, empatizo
con ella, me inspira y aprendo (ya en mi papel de colega). Cada poema es una
pieza lograda, sin baches ni flojeras remarcables, lo que denota un aprendizaje
cabal y la necesaria maestría en el uso de las herramientas. Entonces, ¿qué nos
dice y cómo lo dice? ¿quiénes son los personajes sobre los que enfoca su mirada
poética? Transeúntes, vendedores ambulantes, estudiantes, enfermeras, pequeños
perros, bármanes, sacerdotes, psicoanalistas (¡por supuesto!), mendigos,
vagabundos, pordioseros, cocainómanos, moribundos (borders en general),
pequeños hombres, hombres podridos, hombres mutilados, individuos insomnes, una
mujer desnuda, las muchachas, adolescentes, doncellas, huérfanos, nenes (¿por
qué no niños?), un recién nacido, “alguien”, “nadie”: no hay héroes ni
grandes hombres, solamente hombres del montón, con corazones lacerados,
pequeños y/o ajados. Eso es lo que rescata Agustín al mirar lo que mira, “los
miro morir y revivir” dice en su primer poema. “al mirar la ciudad”
inicia el segundo. “yo busco una palabra” en el tercero. “alguien en
mi escribe” en el cuarto. “y de tanto frío (...) escribí un poema”.
Mira, observa y testifica, pero no de un modo indiferente. Lo hace desde su
marco claramente ciudadana. En su escritura nombra gasolineras, pasillos,
ascensores, hoteles, moteles, licorerías, kioscos, ferias hippies, plazas,
puentes, avenida, subtes, trenes, autopistas, taxis, calles, restaurantes,
rascacielos, universidades, casas, parques, ministerios, embajadas, oficina,
sanatorio, quirófano, campanario, cementerio... se evidencia en esto la enorme
importancia de lo urbano al momento de plasmar aquello que observa, ya no en la
antigua impronta decimonónica, que lamentaba el avance de lo urbano en desmedro
de su ideal bucólico, si no en un aggiornamento de ciertos ideales del
siglo xx, que denunciaban la deshumanización en la sociedad de consumo. Lo que
quizás se halle ausente en Mazzini sea la incitación a una salida utópica y
revolucionaria. Claro que están los grafitis, publicidades, alcantarillas,
tatuajes, latas de cerveza, diarios y teléfonos invocados en sus poemas para
verificar lo contemporáneo de su enfoque (aunque tenga un tufillo a fines de
los ‘90, faltándonos el celular, los leds, la internet etcétera, pero sin
ninguna malicia debemos remarcar sus 30 y algo de años, que en cierto punto lo
hacen utilizar el término “hippie” en más de una oportunidad). En cierto
sentido es un poeta demodé, porque nos habla de cine y no de Netflix, o YouTube
(celebra a Fellini, Hitchcock y los hermanos Coen) y en lo musical va más atrás
citando a Bob Dylan, los Stones y Lou Reed -cosa que aplaudo, y que me hace
pensar en la vigente necesidad del entrecruzamiento de las artes en la
formación de todo creador literario-.
No es un influencer,
aunque yo lo desearía, en el auténtico sentido de llegar a influenciar en el
sentimiento de las gentes (con su poesía ¡imagínense!).
Otro recurso
frecuentemente usado por los poetas de habla hispana -del cual suelen abusar, según
mi opinión personal- es la inserción de citas/ referencias/ dedicatorias a otros,
que pueden resultar conocidos (Pizarnik, Whitman etcétera) o desconocidos para
el vulgo, lo que viene a ser una especie de escudo protector o invocación de
autoridad, cuando no un guiño secreto que sólo comprenderá quien posea las
claves decodificadoras. Mazzini utiliza algo más de 15 referencias, lo que en
un total de 41 poemas no es demasiado.
Su enfoque es ciudadano,
pero no costumbrista, más cercano al moribundo concepto de globalización (otra
vez siglo XX) y que lo hace nombrar ciudades en abundancia: Buenos Aires, Bruselas,
Viena, California, Ámsterdam, Rotterdam, pero lejos del afectado cosmopolitismo
de ciertas “vanguardias”, que se negarían a nombrar a San Telmo, a las
estaciones de trenes de Núñez y Congreso, y a La Recoleta, como él lo hace. Hombre
porteño después de todo.
Finalizando con este
escrutinio a la fisionomía de sus poemas, digamos que son medianamente breves (unas
30 líneas los más extensos) cosa que agradece el lector poco entrenado de
nuestros días, amén de 10 prosas poéticas que no engañan a nadie, pues a las
claras son sólo poemas perezosos de ordenarse en versos como debieran.
Ahondando en “qué
dice” y “cómo lo dice”, sería muy fácil tomar el prosaico atajo de
plantear que “esta realidad ciudadana es una mierda que fuerza a las
personas a transformarse en seres tristes y solitarios luchando por su subsistencia
hasta que se mueren y ya”, (bueno, también se nombra un par de veces a los
suicidas, algo que yo jamás haría). Pero lo destacable en Agustín es su talento
para expresar esta realidad en el lenguaje poética -o sea metafóricamente- y
además de talento innato para moverse en ese campo en el cual la imaginación
siente pensamientos (y viceversa), hay que reconocer una búsqueda voluntaria de
nuevo material expresivo. Mucho se ha dicho al respecto de que hace mil años
que la poesía repite las mismas metáforas/ imágenes/ oximorones, por lo cual el
logrado esfuerzo de nuestro poeta en busca de originalidad expresiva debe ser
aplaudido. Bueno, le podemos perdonar que utilice frases como “el fuego
triste de la escarcha” (todos sabemos que el hielo te quema y el amor te
mata). Su inmersión en el océano de las palabras buscando las expresiones más inquietantes,
novedosas y hermosas da sus frutos, llegando a plasmar verdaderas “mamushkas” de metáforas. Verbigracia: “si en algún
momento alguien piensa/ que el amor está escondido/ bajo un puente que el humo
de la ciudad no deja dormir/ los árboles de mi calle/ oxidarán sus raíces en
las constelaciones del agua/ y el pasado dejará rastros de polvo y magnolias/ bendiciendo
a los perros que vagabundean en el paraíso” (página 30). Y esta
originalidad no la logra por medio de una divagante escritura automática -que
de tanto decir nada dice- sino con empeño, fe y sabiduría. Sabiduría que se
evidencia en la elección del título para el poemario: “El perfume de la
flor tatuada”, frase que reitera en los poemas 37 y 38, que hablan de
poesía, poetas y musas.
A buen entendedor
huelgan las palabras.
Fernando Gabriel
Vaschetto, diciembre 2024, Rosario.
EL PERFUME DE LA FLOR TATUADA
A Juli Rey Meyer
Con dos alas tatuadas en la espalda y un perfume
que detiene el paisaje y lo hace
caer, pétalo a pétalo,
como un secreto revelado de a poco,
las nubes son de espuma de cerveza
y hay quemaduras de tabaco
por el cielo que arrastra esa mujer.
Ella sucede cuando el día es una mancha roja y
amarilla,
una hoguera a medio apagarse donde pasta el
murmullo
(y doy mi sed de beber a los mendigos
y los enfermos de amor se clavan espinas en sus
soles;
y los árboles son pedazos gigantes de futura
madera,
y las palomas aletean en las ventanillas de los
autos).
Viejas bocas montadas en un burro que viene
del pasado traen hambre; historias de hambre,
amores
de hambre, hambre de hambre y la ausencia
es un ángel débil con la voz de Julia.
Después de esto,
ella al fin se convierte en un violín desafinado
que me golpea en la cabeza para dejar
huellas dentro de los bosques de la imaginación,
cerca de lo gris de una tarde de jueves o de
agosto,
cerca del vidrio de un quiosco donde la lluvia
trata de entrar.
AGUSTÍN MAZZINI POR AGUSTÍN MAZZINI
Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el domingo 21
de, febrero de 1993. Me gusta pensar que soy un poeta joven. Publiqué los
libros EL CIELO NO TERMINA DE QUEMARSE (Suri porfiado, Argentina, 2017, poesía)
-Premio Nacional "Bustriazo Ortiz" Para Jóvenes Poetas-, POEMAS DE
RUE PARVHENAIS (Editorial Difácil, España, 2021, poesía) -XIX Premio
Internacional de Poesía Joven "Martín García Ramos"-, SU CORAZÓN, UNA
MONEDA (Aguacero Ediciones, Argentina, 2021, poesía), y EL PERFUME DE LA FLOR
TATUADA (Eolas ediciones, 2022) -Premio de Poesía Joven de la Fundación
MonteLeón- que también fue finalista del I Premio Hispanoamericano de Poesía
"Francisco Ruíz Udiel". En 2018 fui becado por el Ministerio de
Cultura argentino en convenio con el Conseil des Artts et des Lettres du Québec
para una residencia de creación e investigación sobre la figura de Leonard
Cohen en Montreal, ciudad de la que me enamoré. Conduje el programa online
"Puentes de papel" durante ese mismo 2018 por el canal de contenidos
online Hora60. Di algunas conferencias sobre poesía y participé de algunos
festivales nacionales e internacionales. Me acerqué, una que otra vez y
respetuosamente, al periodismo con reseñas de libros y ensayos. También soy
abogado, trabajador judicial, militante sindical en la Unión de Empleados de
Justicia de la Nación, confeso cinéfilo, y tímido aficionado a la Filosofía y a
la música.

