sábado, 7 de diciembre de 2024

Agustín Mazzini o la búsqueda de una poética del nuevo milenio

 (Desmembramiento de su libro “El perfume de la flor tatuada”, el cual ha sido galardonado con el III Premio MonteLeón de Poesía Joven que otorgó el jurado compuesto por Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Tomás Sánchez Santiago y Rafael Saravia.)

 


Creo que nuestra humanidad necesita desentrañar la poética del nuevo siglo, y nuevo milenio a la vez. Esta necesidad se evidencia a gritos en cada libro de poesía que leo. En el marco de este apresurado diagnóstico, la aparición de creadores tales como Agustín Mazzini, resulta promisoria. Su poesía me gusta, me hace bien, empatizo con ella, me inspira y aprendo (ya en mi papel de colega). Cada poema es una pieza lograda, sin baches ni flojeras remarcables, lo que denota un aprendizaje cabal y la necesaria maestría en el uso de las herramientas. Entonces, ¿qué nos dice y cómo lo dice? ¿quiénes son los personajes sobre los que enfoca su mirada poética? Transeúntes, vendedores ambulantes, estudiantes, enfermeras, pequeños perros, bármanes, sacerdotes, psicoanalistas (¡por supuesto!), mendigos, vagabundos, pordioseros, cocainómanos, moribundos (borders en general), pequeños hombres, hombres podridos, hombres mutilados, individuos insomnes, una mujer desnuda, las muchachas, adolescentes, doncellas, huérfanos, nenes (¿por qué no niños?), un recién nacido, “alguien”, “nadie”: no hay héroes ni grandes hombres, solamente hombres del montón, con corazones lacerados, pequeños y/o ajados. Eso es lo que rescata Agustín al mirar lo que mira, “los miro morir y revivir” dice en su primer poema. “al mirar la ciudad” inicia el segundo. “yo busco una palabra” en el tercero. “alguien en mi escribe” en el cuarto. “y de tanto frío (...) escribí un poema”. Mira, observa y testifica, pero no de un modo indiferente. Lo hace desde su marco claramente ciudadana. En su escritura nombra gasolineras, pasillos, ascensores, hoteles, moteles, licorerías, kioscos, ferias hippies, plazas, puentes, avenida, subtes, trenes, autopistas, taxis, calles, restaurantes, rascacielos, universidades, casas, parques, ministerios, embajadas, oficina, sanatorio, quirófano, campanario, cementerio... se evidencia en esto la enorme importancia de lo urbano al momento de plasmar aquello que observa, ya no en la antigua impronta decimonónica, que lamentaba el avance de lo urbano en desmedro de su ideal bucólico, si no en un aggiornamento de ciertos ideales del siglo xx, que denunciaban la deshumanización en la sociedad de consumo. Lo que quizás se halle ausente en Mazzini sea la incitación a una salida utópica y revolucionaria. Claro que están los grafitis, publicidades, alcantarillas, tatuajes, latas de cerveza, diarios y teléfonos invocados en sus poemas para verificar lo contemporáneo de su enfoque (aunque tenga un tufillo a fines de los ‘90, faltándonos el celular, los leds, la internet etcétera, pero sin ninguna malicia debemos remarcar sus 30 y algo de años, que en cierto punto lo hacen utilizar el término “hippie” en más de una oportunidad). En cierto sentido es un poeta demodé, porque nos habla de cine y no de Netflix, o YouTube (celebra a Fellini, Hitchcock y los hermanos Coen) y en lo musical va más atrás citando a Bob Dylan, los Stones y Lou Reed -cosa que aplaudo, y que me hace pensar en la vigente necesidad del entrecruzamiento de las artes en la formación de todo creador literario-.

No es un influencer, aunque yo lo desearía, en el auténtico sentido de llegar a influenciar en el sentimiento de las gentes (con su poesía ¡imagínense!).

Otro recurso frecuentemente usado por los poetas de habla hispana -del cual suelen abusar, según mi opinión personal- es la inserción de citas/ referencias/ dedicatorias a otros, que pueden resultar conocidos (Pizarnik, Whitman etcétera) o desconocidos para el vulgo, lo que viene a ser una especie de escudo protector o invocación de autoridad, cuando no un guiño secreto que sólo comprenderá quien posea las claves decodificadoras. Mazzini utiliza algo más de 15 referencias, lo que en un total de 41 poemas no es demasiado.

Su enfoque es ciudadano, pero no costumbrista, más cercano al moribundo concepto de globalización (otra vez siglo XX) y que lo hace nombrar ciudades en abundancia: Buenos Aires, Bruselas, Viena, California, Ámsterdam, Rotterdam, pero lejos del afectado cosmopolitismo de ciertas “vanguardias”, que se negarían a nombrar a San Telmo, a las estaciones de trenes de Núñez y Congreso, y a La Recoleta, como él lo hace. Hombre porteño después de todo.

Finalizando con este escrutinio a la fisionomía de sus poemas, digamos que son medianamente breves (unas 30 líneas los más extensos) cosa que agradece el lector poco entrenado de nuestros días, amén de 10 prosas poéticas que no engañan a nadie, pues a las claras son sólo poemas perezosos de ordenarse en versos como debieran.

Ahondando en “qué dice” y “cómo lo dice”, sería muy fácil tomar el prosaico atajo de plantear que “esta realidad ciudadana es una mierda que fuerza a las personas a transformarse en seres tristes y solitarios luchando por su subsistencia hasta que se mueren y ya”, (bueno, también se nombra un par de veces a los suicidas, algo que yo jamás haría). Pero lo destacable en Agustín es su talento para expresar esta realidad en el lenguaje poética -o sea metafóricamente- y además de talento innato para moverse en ese campo en el cual la imaginación siente pensamientos (y viceversa), hay que reconocer una búsqueda voluntaria de nuevo material expresivo. Mucho se ha dicho al respecto de que hace mil años que la poesía repite las mismas metáforas/ imágenes/ oximorones, por lo cual el logrado esfuerzo de nuestro poeta en busca de originalidad expresiva debe ser aplaudido. Bueno, le podemos perdonar que utilice frases como “el fuego triste de la escarcha” (todos sabemos que el hielo te quema y el amor te mata). Su inmersión en el océano de las palabras buscando las expresiones más inquietantes, novedosas y hermosas da sus frutos, llegando a plasmar verdaderas “mamushkas” de metáforas. Verbigracia: “si en algún momento alguien piensa/ que el amor está escondido/ bajo un puente que el humo de la ciudad no deja dormir/ los árboles de mi calle/ oxidarán sus raíces en las constelaciones del agua/ y el pasado dejará rastros de polvo y magnolias/ bendiciendo a los perros que vagabundean en el paraíso” (página 30). Y esta originalidad no la logra por medio de una divagante escritura automática -que de tanto decir nada dice- sino con empeño, fe y sabiduría. Sabiduría que se evidencia en la elección del título para el poemario: “El perfume de la flor tatuada”, frase que reitera en los poemas 37 y 38, que hablan de poesía, poetas y musas.

A buen entendedor huelgan las palabras.

 

Fernando Gabriel Vaschetto, diciembre 2024, Rosario.

 

 

 

 



EL PERFUME DE LA FLOR TATUADA

 

A Juli Rey Meyer

 

Con dos alas tatuadas en la espalda y un perfume

que detiene el paisaje y lo hace

caer, pétalo a pétalo,

como un secreto revelado de a poco,

las nubes son de espuma de cerveza

y hay quemaduras de tabaco

por el cielo que arrastra esa mujer.

 

Ella sucede cuando el día es una mancha roja y amarilla,

una hoguera a medio apagarse donde pasta el murmullo

(y doy mi sed de beber a los mendigos

y los enfermos de amor se clavan espinas en sus soles;

y los árboles son pedazos gigantes de futura madera,

y las palomas aletean en las ventanillas de los autos).

 

Viejas bocas montadas en un burro que viene

del pasado traen hambre; historias de hambre, amores

de hambre, hambre de hambre y la ausencia

es un ángel débil con la voz de Julia.

 

Después de esto,

ella al fin se convierte en un violín desafinado

que me golpea en la cabeza para dejar

huellas dentro de los bosques de la imaginación,

cerca de lo gris de una tarde de jueves o de agosto,

cerca del vidrio de un quiosco donde la lluvia trata de entrar.




AGUSTÍN MAZZINI POR AGUSTÍN MAZZINI

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el domingo 21 de, febrero de 1993. Me gusta pensar que soy un poeta joven. Publiqué los libros EL CIELO NO TERMINA DE QUEMARSE (Suri porfiado, Argentina, 2017, poesía) -Premio Nacional "Bustriazo Ortiz" Para Jóvenes Poetas-, POEMAS DE RUE PARVHENAIS (Editorial Difácil, España, 2021, poesía) -XIX Premio Internacional de Poesía Joven "Martín García Ramos"-, SU CORAZÓN, UNA MONEDA (Aguacero Ediciones, Argentina, 2021, poesía), y EL PERFUME DE LA FLOR TATUADA (Eolas ediciones, 2022) -Premio de Poesía Joven de la Fundación MonteLeón- que también fue finalista del I Premio Hispanoamericano de Poesía "Francisco Ruíz Udiel". En 2018 fui becado por el Ministerio de Cultura argentino en convenio con el Conseil des Artts et des Lettres du Québec para una residencia de creación e investigación sobre la figura de Leonard Cohen en Montreal, ciudad de la que me enamoré. Conduje el programa online "Puentes de papel" durante ese mismo 2018 por el canal de contenidos online Hora60. Di algunas conferencias sobre poesía y participé de algunos festivales nacionales e internacionales. Me acerqué, una que otra vez y respetuosamente, al periodismo con reseñas de libros y ensayos. También soy abogado, trabajador judicial, militante sindical en la Unión de Empleados de Justicia de la Nación, confeso cinéfilo, y tímido aficionado a la Filosofía y a la música.